LA PAPA, UNA DEIDAD DE APARIENCIA HUMILDE.

0 comentarios


En el vasto Imperio de los Incas que abarcó desde el sur de Colombia, atravesando los actuales territorios del Ecuador, Perú, Bolivia, y el noroeste de Argentina hasta Chile, la madre tierra representó el poder generador y la fertilidad, y la Yacu Mama, o madre agua, fue principio de vida. En este gran espacio sagrado a la papa la llamaron kausay, que significa sustento necesario para la vida, y cuyo origen se remonta a más de 8,000 años. Representó el equilibrio de los mundos que conforman el universo andino y estuvo personificada por Huatiacuri, hijo del dios Pariacaca, que vestía ropas muy pobres y solo se alimentaba de papas asadas. Símbolo de una deidad cuyo poder yace escondido bajo una humilde apariencia.

La celebraron con fiestas y rituales asociados a la vida y al mundo sobrenatural. Pertenecía al Uku Pacha o mundo de adentro, y se la honró con un ritual llamado: Aya Uma Turpuy, que significa siembra de la cabeza del muerto, que tenía lugar a finales de agosto coincidiendo con la preparación de la tierra para los cultivos. También con fiestas plenas de alegría en el equinoccio de setiembre cuando empezaba el nuevo ciclo agrícola y las lluvias. Tiempo de fecundación y del ritual orientado a conjurar las enfermedades y las pérdidas con actos de purificación. En octubre y noviembre, entre la siembra de la papa y del maíz, con los takis, o danzas rituales acompañadas de cantos en señal de gratitud por los alimentos recibidos.

Las cultivaron en andenes o terrazas escalonadas, perfectamente construidas con muros de contención de piedra nivelados en la base con piedras y arena y llenados con tierra de cultivo regada a través de canales que traían agua de ríos, lagos y manantiales. Seiscientas mil hectáreas de andenes y miles de kilómetros de canales de regadío de un sistema agrícola destruido durante la conquista.

Fue en 1535, cerca del Lago Titicaca, que los españoles reportaron por primera vez la existencia de la papa. Pedro Cieza de León, la describe en 1553: “De los mantenimientos naturales fuera del maíz, hay otros dos que se tienen por principal bastimento entre los indios; al uno llaman papas, que es a manera de turmas de tierra”. Algunos dicen que cuando llegaron a Sevilla en 1573, sirvieron de alimento a los enfermos pobres del Hospital de la Sangre. Otros, que Cieza de León las envió a Felipe II, rey de España, informándole de sus ventajas nutritivas, y que el monarca las habría enviado de regalo al Papa Pío V. También cuentan que el monje Jerónimo Cardan fue quien las sembró por primera vez en Galicia, de donde pasó a Italia y después a Bélgica en 1587, cuando el prefecto de Mons, Felipe Sivry, las recibió como obsequio.

Muchas cosas se dijeron de la papa en aquellos años, incluso que producía ciertas enfermedades por lo que fue prohibida en Escocia e Inglaterra. El herborista inglés, William Salmon, sostuvo que incitaba al cuerpo por sus sustancias afrodisíacas, y la Encyclopédie de Diderot, aconsejaba que solo se la podía consumir en época de hambruna. Era un alimento tan desconocido que cuando Charles de Lecluse la investigó por primera vez en 1590, creyó que se trataba de una trufa y así la clasificó en su tratado Rariorum Plantarum Historia (1601).

Llegó por distintas rutas y la llamaron de diversas maneras: patatas en España; pomme de terre en Francia; potatoes en Inglaterra; kartoffel en Alemania; patate en Italia. A Francia llegó a finales del siglo XVI; y los corsarios, Francis Drake y Walter Raleigh, la introdujeron en Inglaterra desde donde llegó en 1613 a Isla Bermudas, y del puerto de Hamilton a Virginia en Estados Unidos. Lo colonos holandeses la llevaron a Asia a través de las islas Penghu en Taiwán, extendiéndose por toda China donde la llamaron: nuez de la tierra y tubérculo con muchos hijos; en Indonesia se la conoce como: kantang Holanda, y en Vietnam introducida por los franceses en 1807, la llamaron khoai tay, que significa raíz occidental o tubérculo francés.

Su sabor ha recorrido el mundo, ha pasado de la mesa de los antiguos habitantes andinos a los grandes y lujosos restaurantes. Actualmente, la papa crece en 130 países, y es el cuarto cultivo alimentario más importante del mundo con una producción de más de 320 millones de toneladas en el 2007. El Centro Internacional de la Papa tiene registradas en Lima 3,833 variedades de papas silvestres y cultivadas, de las cuales 2,301 son oriundas del Perú. No en vano, en el 2005, científicos norteamericanos de la Universidad de Wisconsin-Madison liderados por el Dr. David Spooner, prestigioso taxonomista del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, estudiaron el ADN de 261 variedades de papas silvestres y 98 de cultivadas, concluyendo contra todas las hipótesis sobre los orígenes múltiples de la papa cultivada, que tenía un ancestro único, y un único origen ubicado en la región sur andina del Perú.

En el Año Internacional de la Papa, convocado por Naciones Unidas, saludemos esta extraordinaria contribución a la alimentación del mundo, y rindamos homenaje a la tierra, a los pobladores del Antiguo Perú, y a los habitantes de la región andina que a través de miles de años, han transmitido de generación en generación conocimientos ancestrales y expresiones culturales que constituyen un valioso patrimonio cultural.


Read On

CEVICHE

0 comentarios


4 personas

  • 700 grs. de pescado fresco (lenguado, corvina, mero)
  • 15 limones (jugo)
  • 1 cebolla cortada en juliana
  • 2 camotes cocidos
  • 2 choclos desgranados cocidos
  • 1 ají amarillo picado finamente
  • 4 hojas de lechuga
  • 1 rocoto en rodajas finas, para adornar
  • Sal

1. Es importante que el pescado sea fresco.

2. Cortar los filetes en cubos medianos cuidando que no tenga espinas y colocar los trozos en un tazón de vidrio.

3. Cortar la cebolla en juliana, mezclar suavemente con el pescado y dejar correr el agua.

4. Escurrir, agregar sal, ají amarillo (o limo) picado y el jugo de los limones (sin pepas).

5. Los limones hay que exprimirlos con la mano.

6. Mezclar para que los sabores se integren, y rectificar por si requiere más sal.

7. Servir con choclo desgranado y rodajas de camote.

8. El choclo se debe hervir con una cucharadita de azúcar y granitos de anís.

9. Adornar con una hoja de lechuga, una rodaja de rocoto y servir inmediatamente.
Read On

LANGOSTINOS EN SALSA DE TOMATE

0 comentarios


Langostinos en salsa de tomate al natural, cebolla morada, cilantro, limón, naranja, brandy, salsa de pescado, ají yacaré y crocantes de carantanta (tortilla de maíz) sobre una cama de mango viche.

La salsa de tomate fue el elemento menos característico de un ceviche donde los ingredientes conservan su frescura, pero la razón se debe a nuestra utilización de este ingrediente en los ceviches típicos de la región, de hecho en la galería o en cualquier comedero popular predomina la salsa de tomate en el ceviche.







Chef Isabel Pati
ño (Colombia)






Read On

LA UNIVERSIDAD DE SAN MARTÍN DE PORRES VOLVIÓ A GANAR PREMIOS GOURMAND.

0 comentarios




Cusco, El Imperio de la Cocina de Rosario Olivas Weston obtuvo el premio a Mejor Libro de Historia Culinaria del Mundo, Chicha Peruana, una bebida, una cultura compilado por Rafo León obtuvo el premio Mejor Libro de Historia de Bebidas, y el libro Peruvian Potato, History and Recipes de Sara Beatriz Guardia en segundo lugar como el Mejor Libro de Cocina Traducido.







- Edouard Cointreau, Sara Beatriz Guardia, Bo Masser.












- Edouard Cointreau entrega el premio a Mejor Editor de Libros de Gastronomía al Dr. Johan Leuridan Huys.
Read On

SERGE LATOUCHE, GIGLIOLA BRAGA (ITALIA)

0 comentarios



Qualche giorno fa ho partecipato a un incontro con il francese Serge Latouche che non conoscevo e di cui distrattamente avevo sentito parlare in passato. E’ un sociologo, economista, filosofo, teorico della decrescita, termine a me fino a non molto tempo fa sconosciuto, ma che da subito, fin dall’invito ricevuto per l’incontro, ritengo interessante e sconcertante al tempo stesso. La mia curiosità di conoscere meglio il punto di vista di Latouche cresce nel corso della serata per la singolarità delle teorie che espone. Mi sembra addirittura che il mio respiro si fermi quando lui comincia a parlare con toni nuovi per me di “rallentare”, di “sopravvivere allo sviluppo”, di “sciagurata teologia del PIL”, della sua proposta per il ritorno a una naturalità che io sento profondamente e alla quale lui stava dando voce e corpo. Il suo motto? “Vivere con meno è facile e perfino divertente”. Un ritorno alla preistoria sociale ed economica? No, semplicemente un riappropriarsi della propria vita, quella vera, in contrapposizione all’economia globalizzata dello sviluppo che obbliga alla corsa, al consumismo, alle leggi di mercato, le quali impongono di produrre e di cambiare: l’auto, il telefonino, il televisore, il computer, anche se funzionano ancora benissimo. Altrimenti sei out, inadeguato. La sua idea è: “Ritroviamo il piacere della vita, prima dell’ansia di fare”. Non distogliamo l’attenzione dalle origini facendoci imbrigliare dal vortice dell’usa e getta, della superficialità e delle logiche di mercato distanti dalle reali necessità. Il suo obiettivo è “rallentare, offrire alternative per concentrarsi sulla qualità della vita”. La decrescita non vuol dire tornare all’età della pietra, ma solo a quarant’anni fa, quando è cominciata la frenetica e affannosa rincorsa al cosiddetto “benessere”. La decrescita non implica “stare peggio”, ma stimola alla riflessione, per valutare cosa sia realmente il benessere, in termini individuali, sociali ed economici.

Mi sembra di sentire nelle sue parole un’affinità per le leggi della natura che spesso io, nonostante tutto, rischio di dimenticare e prevaricare con la stessa superficialità che mi accomuna ai miei contemporanei, ma che non possono essere ignorate in nome del “progresso” o della presunta superiorità del genere umano sugli altri esseri viventi e sugli equilibri naturali. Sono estremamente convinta di questi principi che forse Latouche tratta solo marginalmente durante l’incontro, ma che mi vengono evocati dalle sue parole perché questi pensieri a volte mi assalgono nella frenesia del mio lavoro… Appunto!

Insomma, Latouche propone un nuovo modello sociale in cui gli sprechi vengono considerati tali e non semplicemente una caratteristica e una prerogativa del nostro tempo. E’ coerente con le sue teorie: mi dicono che si sposta solo in treno in giro per l’Europa; vive a Parigi e sui Pirenei, in una vecchia casa in pietra che lui stesso ha rimesso a posto; non drammatizza sulla sue ginocchia calcificate e sui piedi malandati che gli impongono il bastone: “E’ giusto così, con il passare degli anni…”. Non usa espressioni simboliche, unisce la sua esperienza al sano buon senso che oggi va svanendo, ma di cui molti probabilmente vorrebbero riappropriarsi.

Come molti abili comunicatori, a volte utilizza il cibo per trasmettere meglio alcuni concetti, in modo semplice e tranquillo, come lui stesso appare nella sua struttura robusta e asciutta. “Il 30% della carne dei supermercati si butta; usiamo acque che vengono da lontanissimo, nonostante ci siano buone sorgenti vicine; mangiamo frutti esotici e buttiamo quelli locali; mangiamo il triplo del necessario ”. E qui mi sento pienamente chiamata in causa. Penso infatti quanto lo stesso potere economico abbia influito sulle disponibilità alimentari, sul tipo di offerta, sulle nostre abitudini quotidiane e in definitiva sulla nostra salute. Abbiamo lo stesso bagaglio genetico dell’uomo preistorico e mangiamo in modo completamente diverso dal passato. L’evoluzione è un fenomeno troppo lento per essere già in linea con gli alimenti attuali. E questo comporta un costo, sia umano sia sociale, per gli squilibri che crea in un organismo, il quale si ritrova a dovere utilizzare fonti difformi ed estranee alle sue capacità. L’adattamento che sa sicuramente mettere in atto richiede tempi troppo lunghi per essere efficace nell’immediato. Si evidenziano così patologie oggi purtroppo in aumento.

La copiosa e allettante offerta di cibo nei Paesi cosiddetti industrializzati costituisce un ulteriore peggiorativo perché, in questo contesto generale, rischia di perdere e di far perdere di vista il reale ruolo biologico del cibo, il quale non è una manifestazione di potenza economica, come a volte sembra essere nei carrelli della spesa stracolmi, ma è una necessità imprescindibile dalla vita. Una piacevole necessità. Che senso ha comprare oltre il necessario, per confinare nel frigorifero ogni genere di cibo che poi si deve buttare perché inevitabilmente va a male?

I temi trattati da Latouche hanno questa lunghezza d’onda. Mi accomuna a lui un’idea: il vero sviluppo non è quello socio-economico che comunemente si intende, cioè l’ansia di avere. Il vero sviluppo è coltivare l’essere, cioè l’uomo. E’ la crescita di un mondo in sintonia con le sue leggi naturali, le quali sono da tenere in giusto conto, per non danneggiare il proprio futuro con scelte ottuse e fallimentari nel tempo. Si può parlare di vero sviluppo solo quando non si non rovina l’uomo, la società in cui vive e il mondo in cui si muove. Per esempio, che senso ha produrre grassi artificiali come gli idrogenati, utili all’industria per la preparazione di prodotti che devono mantenere a lungo la freschezza, ma dannosi all’uomo? Perché intensificare certe coltivazioni e preparazioni per immettere sul mercato globale quantità spropositate di vegetali e di prodotti che non rispecchiano più la reale necessità, la naturale e sacrosanta biodiversità, i ritmi stagionali, il gusto, la territorialità? Per lo sviluppo? Di cosa? Del PIL, dei conti in banca, dei poteri economici. Non certo dell’uomo.


Read On

LE CARRÉ DES FEUILLANTS

0 comentarios




Dirigido por el prestigioso chef Alain Dutournier, Le Carre des Feuillants es uno de los mejores restaurantes de Francia, ubicado entre la Place Vendôme y el Jardín de las Tullerías. Alain Dutournier nos ofrece aquí una cocina de especialidades: Homard bleu en feuille de riz (otoño-invierno); Tendron de veau de lait dans son jus truffés (primavera-verano), y Ravioles de mangue aux fruits de la passion, entre otros, acompañados con una excelente carta de vinos. A pesar de estar en el centro de París (14,rue de Castiglione, 75001), al interior de Le Carre des Feuillants se respira la calma y armonía que el arquitecto y pintor Alberto Bali ha sabido impregnar en sus cuatro salas, con tonos suaves y elegantes. El gran salón está decorado con obras de Alechinsky y Titus Carmel que ha cubierto las columnas de acero. El diseño de las sillas, las mesas, aparadores, y por supuesto la vajilla es también de Bali. Un día antes de la celebración en París de los premios Gourmand World Cookbooks Awards, Edouard Cointreau, extraordinario anfitrión y presidente de la prestigiosa Gourmand invitó a un grupo de amigos a cenar en Le Carré, noche en la que nos deleitó con la magia del lugar y el exquisito sabor de la cocina francesa de Alan Dutournier.



Read On